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Zapatos para niños: claves biomecánicas para acertar y evitar las dudas más comunes

30 junio 2025.

Para muchas familias, elegir el primer zapato es un momento importante, pero también lleno de dudas. ¿Debe ser blando o firme? ¿Cómo de ligero o robusto? ¿Qué pasa con el velcro, el refuerzo de la puntera o la forma de la suela? En medio de un mercado saturado de opciones, la biomecánica es la disciplina que aporta luz (y evidencias) para ayudar a madres, padres y cuidadores a tomar decisiones informadas.

La biomecánica es la ciencia que guía el diseño de productos y sistemas para que sean respetuosos con el cuerpo humano.

En el caso del calzado infantil, éste debe proteger el pie en entornos no seguros, permitir el desarrollo físico y motor natural y, a su vez, satisfacer las necesidades de actividad y movimiento propias de la edad del niño.

En la actualidad hay mucha conversación alrededor de los elementos clave de un calzado y se puede estar generando cierta confusión. Por eso, desde nuestra disciplina científica, presentamos esta guía que explica qué son esos conceptos de los que tanto se habla y cómo valorarlos desde la visión de la biomecánica para asegurarnos, al elegir un calzado, que son óptimo para el pie y el desarrollo motor infantil.

Las partes de un zapato

Para que un zapato cumpla su función necesita una estructura funcional mínima y que ésta sea adecuada. Pero, ¿qué es esto de la estructura funcional del calzado? Se trata de una serie de elementos que permiten al calzado acompañar los movimientos del pie según la edad del niño durante su marcha, el juego, y el resto de actividades que realice. Y ¿por qué hablamos de que sea mínima? Porque si la estructura funcional del calzado es excesiva puede limitar los movimientos del pie y porque si es inexistente o inadecuada, el pie puede moverse dentro del calzado, éste puede salirse y pueden aparecer problemas como rozaduras, deslizamientos y caídas, inestabilidad provocada, pérdida del calzado, etc.

Vamos a ver ahora estos elementos que forman la estructura funcional del calzado:

Horma: La horma es el elemento usado en la fabricación del calzado que define el espacio interior del zapato, determinando su ajuste. El análisis de las bases de datos recopiladas con información 3D de la forma del pie infantil ha demostrado que éste no crece de forma uniforme ni proporcional a lo largo de la infancia: no solo cambia de talla, también varía su forma a lo largo y a lo ancho según la etapa de crecimiento. Por eso, un buen calzado infantil debe tener una horma evolutiva que ofrezca en cada talla el espacio adecuado para el pie y proporcione el ajuste ópotimo. Es importante que el calzado no presione en exceso el pie, y que deje espacio suficiente en los dedos. Pero no debe existir una holgura excesiva en zonas como el empeine y la articulación de los metatarsianos porque esto puede suponer un mal ajuste, propiciando el movimiento incontrolado del pie dentro del calzado.

Suela: La suela cumple diversas funciones: protege del entorno, ayuda a consolidar la estabilidad natural de la pisada y contribuye al movimiento libre del pie. Su diseño influye en la flexibilidad natural del pie, por lo que siempre debe permitir la flexión del pie al andar y facilitar la adaptación a diferentes superficies durante el juego. ¿Cómo se consigue? Con materiales flexibles y geometrías como ranuras de flexión, que proporcionan un buen balance entre protección y movimiento articular.

Plantilla: Es el elemento interno del zapato sobre el que apoya el pie. Puede ir unida a la suela o ser extraíble. También puede no estar presente en el calzado. Su función principal en el calzado infantil es contribuir a regular la humedad en el interior del calzado, absorbiéndola y manteniendo el pie seco. En caso de ser extraíble, nos sirve de guía para vigilar el crecimiento del pie y detectar cuando el calzado se está quedando pequeño y es hora de cambiar de talla, para evitar la compresión de los dedos en la punta.

Drop: Es la diferencia de espesor de la suela más la plantilla entre el talón y la puntera del zapato. El drop influye en la distribución de las presiones a lo largo de la planta del pie; a medida que aumenta el drop (mayor altura en el talón con respecto a la puntera) se reduce la presión en el talón y se incrementa la presión en el antepié. Con drops elevados se pueden producir cambios también en la forma de caminar, ya que adelantan el contacto del tacón con el suelo. Se ha dado mucha importancia al drop en el calzado infantil, derivada principalmente del calzado de running de adultos. Pero la evidencia científica nos dice que variaciones pequeñas en el drop no tienen influencia en la marcha infantil.

Contrafuerte: Es un elemento situado en la parte trasera del zapato, entre el corte y el forro. El contrafuerte envuelve el talón para proporcionarle suporte, evitando que el material del talón del zapato se deforme con el uso y que el talón del pie “baile” dentro del zapato y se deslice hacia los lados, y se genere el efecto “chancla”. Un contrafuerte demasiado alto o extenso, o demasiado rígido, puede reducir la movilidad natural del talón y el tobillo. Pero una falta de estructura en la zona del talón también es perjudicial, reduciendo la estabilidad natural del pie descalzado y provocando torceduras y caídas.

Lengüeta: Es la pieza alargada y normalmente acolchada que está debajo del sistema de cierre del calzado, justo en el centro del empeine. Sirve para proteger el pie de la presión del cierre y mejorar el ajuste del zapato.

La biomecánica es ciencia y es tu aliada

Cualquier calzado influye directamente en cómo caminamos. A partir de ahí, para entender cómo caminamos y cómo afecta el calzado es necesario usar el método científico: observar, hacer preguntas, proponer hipótesis, realizar experimentos con una muestra de niños estadísticamente representativa, analizar datos y extraer conclusiones.

Además, el análisis del patrón de la marcha requiere la participación de varias disciplinas: la antropometría, la biomecánica, la neurociencia y la ciencia de los materiales.

La evidencia científica no son suposiciones ni experimentos caseros, sino información y datos confiables, contrastados y obtenidos con rigor, método científico, revisados por expertos y constantemente actualizados.

En el IBV aplicamos conocimientos de biomecánica, neurociencia, antropometría y ciencia de materiales para desarrollar calzado que se adapta a las necesidades reales de los más pequeños.

La antropometría es el estudio de la forma de los pies. En el IBV medimos la forma de los pies de los niños considerando la variabilidad de la población mediante escáneres de alta precisión. Disponemos de una base de datos de más 2.500 pies en 3D de niños y niñas de todas las edades. Estos datos nos permiten asesorar a los fabricantes en cómo ha de ser el espacio interior del calzado que mejor va a ajustar a la población infantil. Con ellos, se diseñan miles de modelos de calzado biomecánicamente aptos desde hace años y hasta hoy en día.

A través del estudio de los movimientos y fuerzas, evaluamos de manera objetiva las modificaciones en el movimiento de los niños asociadas a los diferentes tipos y diseños del calzado, así como las fuerzas realizadas y su transmisión a lo largo de la cadena músculo-esquelética. Disponemos de laboratorios de análisis de movimientos humanos con equipos de fotogrametría, plataformas de fuerza, acelerómetros y sensores inerciales y trabajamos con tamaños de muestra de niños estadísticamente representativas.

Cuando testamos y analizamos un calzado, medimos de manera objetiva las propiedades mecánicas del calzado y su relación con la ergonomía y funcionalidad mediante máquinas de ensayos biomecánicos de calzado que permiten seleccionar los materiales más adecuados. También medimos la temperatura y la humedad en el interior de calzado y analizamos la capacidad de transpiración de los materiales empleados Para ello, disponemos de un laboratorio de confort térmico en el que es posible controlar las condiciones ambientales y de cámaras termográficas capaces de medir la evolución de la temperatura en distintas zonas.

Y por último trabajamos desde la experiencia del usuario. Es decir, estudiamos las necesidades de usabilidad de los niños y de los padres. Trabajando con muestras de niños estadísticamente representativas, los expertos en biomecánica y diseño de calzado del IBV realizan valoraciones tanto en laboratorio como en entornos reales de uso.

Una guía para elegir desde la ciencia (y con confianza)

A continuación, presentamos una guía práctica con los puntos clave que, según la biomecánica, debes observar al elegir un zapato:

Ajuste: El ajuste es un factor clave en el calzado. Este debe permitir el movimiento del tobillo y la flexión del pie, y debe asegurar una holgura de aproximadamente 1 cm en longitud en la punta de los dedos para evitar roces y permitir el crecimiento del pie. Un ajuste correcto asegura espacio suficiente para que los dedos se muevan libremente tanto en anchura como en altura del calzado y un sistema de cierre regulable para facilitar que el zapato se adapte al empeine. El velcro suele ser una buena solución por su facilidad de uso.

Flexibilidad: La suela debe permitir el movimiento natural del pie en tanto en su flexión en la zona de los metatarsianos/dedos como en su torsión longitudinal. El ángulo natural de flexión de los dedos en los niños suele tener un rango entre los 28º y los 36º, dependiendo de la edad.

Estructura mínima funcional del talón: El calzado debe ofrecer estabilidad en el talón con un apoyo lateral que ayude a evitar el “efecto chancla”, es decir, que el talón se desplace lateralmente al caminar, aumentando la inestabilidad. Hay que evitar los contrafuertes excesivamente rígidos o muy elevados ya que pueden impedir la posición natural del pie durante el gateo y el juego.

Ligereza: Como en todo, es una cuestión de equilibrio. Un zapato debe ser ligero, pero sin renunciar a asegurar la protección del pie y a aportar una estructura funcional mínima.

Adherencia: El dibujo y material de la suela pueden aportar cierta fricción o agarre para facilitar una marcha segura en superficies húmedas y resbaladizas. Además, un refuerzo flexible en la puntera protege el pie de impactos dañinos y roces y hace que el zapato sea más duradero.

Corte y forro: Deben evitarse las costuras y refuerzos que puedan molestar en el interior del corte y el forro del calzado. Los materiales deben ser transpirables para controlar la humedad y evitar que el sudor quede alojado en el interior del zapato.

Plantilla: La plantilla debe absorber la humedad y secarse rápido. Es preferible una plantilla extraible, fácil de limpiar y que ayude a controlar la talla del calzado. La plantilla no debe tener elementos anatómicos.

 

 

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